SALUD Para mejorar hábitos

Cómo alimentar a los niños en invierno

Con el frío aumenta la probabilidad de contraer algunas enfermedades. Por eso es clave que los chicos se nutran bien en esta época del año.

jueves, 25 de julio de 2019

Lo idóneo es mantener una alimentación
equilibrada
 durante todo el año, sólo así se garantizará el
fortalecimiento del sistema inmunológico de los más pequeños. Si bien en
invierno, especialmente los niños, tienen más propensión a padecer este tipo de
enfermedades, ya que los mecanismos de defensa del aparato respiratorio se
debilitan y no pueden enfrentarse de igual forma a un contagio.

Una alimentación eficaz contra las agresiones víricas del
invierno se logra con un menú rico en vitaminas, minerales y antioxidantes.

La vitamina C es uno de los
nutrientes más implicados en la función inmunológica. Actúa sobre el sistema
inmune ayudando a las células a defenderse. Las frutas y verduras son ricas en
esta vitamina, especialmente los cítricos como las naranjas, los limones, las mandarinas, etc.;
también tienen un alto contenido en vitamina C los kiwis, las espinacas o los
pimientos.

La vitamina A protege la
piel y las mucosas de las posibles infecciones. Al igual que la vitamina C, también es
antioxidante, por lo que refuerza el sistema inmunológico y ayuda a prevenir
los resfriados. Contienen esta vitamina las zanahorias, los caquis, la
calabaza, los huevos, el hígado, el foie-gras, etc.

Además de ayudar al cuerpo a absorber el calcio, la vitamina
D
 también colabora en mantener la cantidad adecuada de
calcio y fósforo en la sangre. Los rayos ultravioletas de la luz solar son los
responsables de la producción de la vitamina, por esto es importante que en
invierno, cuando la exposición al sol es más limitada (se sale menos de casa,
hay menos horas de luz…), se incluyan fuentes adecuadas de vitamina D en la
dieta. Esta se encuentra en los productos lácteos como  el queso, la
mantequilla, los yogures, el pescado, el marisco, etc. Sin embargo como son muy
pocos los alimentos que contienen naturalmente cantidades realmente significativas,
conviene elegir a la hora de la compra aquellos que estén enriquecidos con
vitamina D. En lugares donde la luz del sol es escasa, por ejemplo en los
países nórdicos, Inglaterra o zonas de Estados Unidos, toda la leche y otros
productos lácteos se enriquece con vitamina D, para minimizar el riesgo de su
deficiencia.

Minerales como el hierro intervienen en el buen
funcionamiento de la respiración, estimulan la inmunidad y la resistencia
física. Para satisfacer las necesidades de hierro es preciso consumir al menos
una porción de carne o pescado una vez al día y legumbres (judías, garbanzos,
lentejas, altramuces). Es un mineral muy importante en edades tempranas ya que
su deficiencia afecta al comportamiento del niño así como a su proceso de
aprendizaje. Otros minerales como el magnesio protegen asimismo contra el
cansancio excesivo fortaleciendo el organismo. La carencia de este mineral
puede provocar falta de memoria y dificultad en la retención. Es esencial por
lo tanto para el buen rendimiento de los niños en el cole, aunque su falta es
inusual porque el magnesio está presente en alimentos que por regla general
gustan mucho a los niños: chocolate, pipas, nueces, avellanas, almendras…

Los lactobacilos, presentes en los productos lácteos
fermentados aportan también grandes beneficios al sistema inmune.

Fuente: www.todopapas.com

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