SOLIDARIDAD Un regalo para estas Fiestas

“La Navidad de Carlitos, el hijo de un pastor de ovejas”

Monseñor Jorge Lozano, arzobispo de San Juan de Cuyo escribió este cuento espacial para INFOCHICOS. Un relato para leerle a los más pequeños.

viernes, 22 de diciembre de 2017

A los niños nos gusta acostarnos en la cama de mamá y papá. Y que nos cuenten historias. Les voy a contar yo mismo algo que para mí fue maravilloso. Pero antes me presento así nos vamos conociendo: me llamo Carlitos y tengo siete años de edad. Mi papá es pastor de cabras cerquita de la ciudad de Belén.

Hace poquitos días el Niño Jesús nació por aquí. Como hay mucha gente dando vueltas por todos lados no consiguieron lugar para alojarse, y un vecino les prestó un rincón en el establo –un corral en una cueva– en donde dormían los animales en la noche: dos vacas, cinco ovejas, un burro, cinco gallinas, diez pollitos, un gallo, y me parece que había también tres cabras. Gracias a eso adentro de la cueva está siempre calentito.

San José y la Virgen María no lo dejaban solo al Niño Jesús en ningún momento. Yo los había ido a visitar con mi papá a la mañana temprano. En un momento sentimos que alguien golpeaba las palmas en la puerta de la cueva y escuchamos que se había juntado mucha gente. Un muchacho entró y le dijo al oído algo a San José que puso cara de asombro. Enseguida le dijo a María en voz bajita: “me dicen que vinieron unos reyes desde lejos y que preguntan por Jesús”. La Virgen también se sorprendió y le respondió: “vamos a ver de qué se trata”, y nos miró a mi papá y a mí, y nos pidió: “me lo miran un poquito, enseguida venimos”.

Todo estaba tranquilo. Los animales todavía recostados, los pollitos atrás de sus mamás gallinas. Y yo me quedé mirando al Niño que, para mi alegría, me extendió los brazos y movía las manitos como diciendo “vení a mi cuna”. Yo lo miré a papá y le pregunté: “¿puedo ir, pa? ¡dale!”. Me respondió: “sí, pero despacito, mirá que es muy chiquito”. Y me acosté a su lado sobre mi brazo izquierdo y lo acariciaba con mi mano derecha. Él sonreía.

De repente volvieron José y María con los tres reyes que traían regalos para Jesús. A mí me dio vergüenza y me quise levantar, pero María me dijo “quedate que a él le gustan los niños”. Y los reyes dijeron “hay regalos para todos”.

Con los reyes entraron también otros compañeros de trabajo de papá con sus hijos, que se arrimaron a recostarse en la cuna. ¡En un momento éramos como quince!, y hacíamos más bulla que los pollitos y las ovejas que ya se habían despertado.Los reyes nos dieron regalitos a todos. Pero el regalo más grande fue estar junto a Jesús, que nos quiere tanto. ¿No querés venir vos también a su cuna?

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